sábado, 19 de enero de 2008

"El docente desconoce las culturas juveniles actuales"

En su breve visita a Córdoba, invitado por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica, Emilio "Tenti" Fanfani (62) estuvo a la altura de su bien ganada fama de iconoclasta. Este politólogo y sociólogo orientado al campo educacional es un "ítalo mendocino" nacido en la península y criado en la provincia cuyana. Autor de varios libros, entre los que descuellan La escuela vacía (1995) y El arte del buen maestro (1999), hace dos años sacudió el avispero con La condición docente.
Entre los indicadores volcados en este verdadero manual del malestar educativo en Argentina, "Tenti" Fanfani destapó que 45 por ciento de los maestros (es decir, casi uno de cada dos) se dedicaría a cualquier otra cosa. Esta realidad es consecuente con el descontento y la desorientación del alumnado. "El docente desconoce las culturas juveniles actuales", machaca el investigador.
Aun así, hay escuelas que funcionan y promociones con buenos resultados. Son como "islas felices en un archipiélago de tristeza", compara Fanfani. Apesadumbrado pero no pesimista, insiste con que las soluciones son integrales. Que no habrá mejoría mientras no se invierta más y mejor en recursos humanos. Que hay que estudiar la psicología y los mecanismos de atención y comunicación del niño y el joven actual.
"Muchos profesores ya no pueden sostener 45 minutos de clase, porque los estudiantes se dispersan. Es hora de preguntarse a qué obedece el fenómeno, y si no hay que cambiar de tácticas pedagógicas", dice.


* Más demanda que oferta
–¿Por qué hay tanta producción intelectual en el campo pedagógico, y tan pobres resultados en las aulas?
–Ese problema no es sólo argentino. Hace una década que en Europa llegaron a la conclusión de que la transmisión de conocimientos es la fase más deteriorada del proceso educativo. En todas partes usted ve montañas de papel impreso y gran actividad académica, cuyos enunciados no se trasladan automáticamente a la enseñanza.
–¿No habría que estar más tiempo real con alumnos y maestros, en vez de ponerse a elucubrar teorías generalmente inaplicables?
–Ese planteo es relativo. La realidad señala que en los últimos 30 años la demanda educativa ha sobrepasado a la oferta de manera descomunal. En su generación y la mía no todos iban al colegio, o no todos se recibían. Yo soy el único de mi barrio que fue a la universidad. Antes era algo común, nadie decía nada. Ni siquiera se hablaba de "deserción". Hoy la escolaridad absoluta es una premisa social inamovible. La obligatoriedad se extiende cada vez más. Por eso hay tantos maestros, directores, hasta auxiliares, tratando de aprender a enseñar. Y cómo hacerlo en el contexto actual, cosa que evidentemente no se logra. La respuesta visible es que tenemos unos 70 mil médicos y algo así como 835 mil docentes. Pero también tenemos unos 1.300 institutos de formación docente, que otorgan títulos oficiales. Eso es preocupante. ¿Quién los regula? ¿Quién o cómo controla la calidad del maestro que egresa de esos institutos?


* Producto artesanal
–A diferencia del docente, impresiona que hasta el médico más humilde aplica los avances de su profesión…
–Es así, pero por distintas razones. ¿Qué pasaría si tuviéramos 500 facultades, desperdigadas y escasamente controladas, dedicándose a producir médicos, ingenieros, arquitectos? En cambio, esas carreras se estudian en centros bien visibles, tradicionales, estandarizados. Por eso sus egresados saben lo que hay que saber, o no tienen más remedio que evolucionar. Es la inercia propia de los centros de estudio, y la necesidad de satisfacer el reclamo de pacientes, clientes, lo que sea. ¡Y encima estamos disconformes con la instrucción que reciben!
–En líneas generales, mejoran los indicadores sanitarios y laborales, pero los educativos siguen retrasados.
–Sigamos con la comparación del médico. Cuando ve al enfermo por segunda vez, ya cuenta con una batería de datos que le proporcionaron el bioquímico, el radiólogo, el psicólogo, otro colega, su secretaria, la enfermera, etcétera. Fíjese cuántas personas intervienen en la relación médico-paciente. Hay consultorios rurales donde el médico está solo, pero son casos excepcionales. Y difícilmente esté "solo" en materia de disciplinas sanitarias. En cambio, en Argentina la docencia sigue siendo un producto solitario y prácticamente artesanal.


* Resistencias al cambio
–Pero muchos docentes se resisten a incorporar las mentadas nuevas técnicas de información y comunicación.
–Es un aspecto complejo de resolver, mientras no se haga más inversión y mejor selección en recursos humanos. No cualquiera puede ser maestro, así como a nadie se le pasa por la cabeza que cualquiera puede ser médico. Muchas personas dicen "yo veo sangre y me desmayo". Pues muchas deberían decir "yo veo un chico en un cyber, o mandando mensajitos, y me dan ganas de sacudirlo". En todo caso no deberían ser docentes, porque ese es el mundo del chico de ahora, y más vale que lo aceptemos. Abundan los profesores que no son capaces de mantener la atención del alumno a lo largo de 45 minutos. ¿Significa que las clases deberían ser más cortas, o que habría que cambiar las formas de enseñanza? Pero no todo es resistencia a la innovación. Vuelvo a decir que el problema pasa más por la escasa capacitación del futuro maestro. Nadie le enseña el mundo de la imagen. Psicología es sólo una materia en toda la carrera. El docente, al igual que muchos adultos, desconoce las culturas juveniles actuales. Prefiere decir que "al chico de ahora no le interesa nada". Mentira.

* Abrir cráneos
–Sin embargo, ¿no es evidente el desinterés adolescente por la escuela?
–Tal como está planteada, es lógico que no le interese. Pero la cuestión arranca de mucho antes. A diferencia de cualquier sistema de producción de bienes, cada uno de nosotros participa de su instrucción. No es como ir y comprar un auto, un electrodoméstico, contratar un viaje. Para que funcione, yo tengo que interesarme e involucrarme en mi formación. Alguna vez vamos a tener que encarar este aspecto. Porque el resultado es que nunca tuvimos tantos alumnos, y nunca tanta exclusión.
–¿Qué habría que hacer para motivar y retener al alumno?
–En primer lugar, no se puede mandar a una joven novata a un establecimiento con riesgo social y educativo. Es lo que hacemos. El docente empieza en zonas urbano marginales y, a medida que acumula experiencia termina en el centro, o en colegios con pocos problemas. O sea, exactamente al revés. Es como poner a un médico recién recibido a abrir un cráneo para extirpar un tumor. Por otro lado, tenemos que fijarnos en lo que hacen en Inglaterra, o en México. El maestro está auxiliado por un equipo de deportólogos, animadores, mediadores, etcétera. Si queremos que el chico esté muchas horas en el colegio, no larguemos solo al docente. Esa es otra gran paradoja: los establecimientos de horario extendido están en zonas residenciales, para hijos de clases pudientes. Y los de horario reducido en las áreas pobres o marginales, donde más se necesita sacar al chico de la calle.

Emilio Fanfani, sociólogo educacional.

http://www.educared.org.ar/noticias/comentarios.asp?idn=6320

2 comentarios:

Ana dijo...

El blog es muy interesante, pero es muy difícil de leer con esos colores. Al poco tiempo se te cansa mucho a vista y no podés seguir. Me hubiera gustado poder leer más.

carolay dijo...

me gustaria saber que culturas existe4n ejemplo el hip hop, emos eccetera porfa muestrenlo mas claro